lunes, 30 de septiembre de 2013

¿Copiar......o cambiar la forma de evaluar.......?

¿Copiar ...........o cambiar la forma de evaluar.......?


Con un poco de incertidumbre y muchas dudas en la mente he asistido a la reunión de padres de familia, del primer año de primaria de mi hijo, con agrado pude percibir que el tema de la evaluación no fue el hilo conductor, ni la primera preocupación de los padres asistentes. Por el contrario la sesión se concentró más en el proceso de aprendizaje. 



“A lo que aspira esta sociedad teutona”........ es que desde pequeños los niños desarrollen su potencial no por una recompensa (las notas),  sino por la mera satisfacción de ser mejores, desarrollando su potencial al máximo. Lo que dará como resultado adultos capaces de buscar una mejora continua.


Esperanzada salí aunque las estadísticas siguen dando de que hablar, ya que un gran número de universitarios reconoce haber copiado en las pruebas escritas y más de la mitad ha incurrido en alguna forma de plagio académico para hacer sus tareas o trabajos. Esto nos habla de que los estudiantes, se siguen concentrando en aprobar el examen y no en su proceso de aprendizaje.


Hasta el momento nos hemos basado en el modelo de enseñanza  “conductista”.........  Y la pregunta es......... ¿si se cambiara el modelo de enseñanza, cambiaría el modelo de evaluación?      Yo creo que no...., ya que el comportamiento de los estudiantes seguiría respondiendo al mismo patrón. 

Por lo tanto si queremos que nuestros alumnos aprendan más y mejor, de manera distinta, debemos aplicar modelos de evaluación diferentes. 

Las pruebas objetivas solo nos dan información parcial de los aprendizajes que el alumno ha adquirido.

Para ello existe lo que se llaman los modelos de evaluación alternativa. Se trata de procedimientos evaluativos que difieren de los tradicionales y que hacen acopio de evidencias de cómo los estudiantes progresan en un ámbito determinado dentro del propio contexto (el aula, el entorno virtual), y con técnicas que se adaptan a distintas situaciones, personas o grupos. 

Algunas direcciones de cambio pueden incluir:
»Poner más énfasis en el desarrollo de habilidades como el pensamiento crítico, comprensión y capacidad de análisis
»La integración de la alfabetización de los nuevos medios en los programas educativos
»Incluir el aprendizaje experiencial que da importancia a las habilidades blandas, como la capacidad de colaborar, trabajar en grupos, leer las señales sociales y responder adaptativamente
»Ampliación de la circunscripción aprendizaje más allá de los adolescentes y adultos jóvenes hasta la edad adulta
»Integración de la formación interdisciplinaria que permite a los estudiantes desarrollar habilidades y conocimientos en una variedad de temas




Un estudio llevado a cabo por los profesores McCabe, Butterfield y Treviño, de la Rutgers University, Washington State University y Penn State University respectivamente, analiza el comportamiento de los estudiantes respecto a los exámenes y sus prácticas de copia en los mismos. Estos profesores llegan a conclusiones muy interesantes, que si bien para algunos de nosotros son de lo más evidente, es bueno que provengan de docentes de áreas de conocimiento ajenas a la pedagogía, pues pueden así disponer de más predicamento.

En primer lugar ponen de manifiesto que, según establecen las evidencias, en una clase presencial de 20 estudiantes, entre 13 y 15 han copiado al menos una vez en los exámenes durante el curso. Eso cuestiona la tan manida opinión de que el punto débil de la educación en línea es la evaluación, pues queda claramente reflejado que la evaluación presencial no evita ni la picaresca ni la práctica abusiva de la copia en los exámenes. En realidad, la cuestión verdadera no es si las pruebas son presenciales o son en línea, sino cómo se diseñan las pruebas que van a servir para evaluar.

Efectivamente, cualquier somero análisis que se realice en los actuales modelos docentes universitarios pondrá de manifiesto que, a pesar de los esfuerzos de una buena parte de profesorado convencido y comprometido, los métodos que se suelen aplicar para evaluar el aprendizaje de los estudiantes continúan estado presididos, con gran margen de ventaja, por los tradicionales exámenes, o las llamadas pruebas objetivas que intentan demostrar una radiante modernidad simplemente porque hacen uso de las tecnologías para perpetuar lo mismo que se hacía antes sin ellas. 


Por otro lado, también es cierto que hay investigaciones que demuestran que la repetición de pruebas evaluadoras ayuda al estudiante a aprender. Esto serviría de justificación a los que mantienen que la evaluación de los aprendizajes es algo fácil de cuantificar y estandarizar, pero caber destacar que este tipo de pruebas limitan su utilidad a aprendizajes de carácter memorístico o conductista: ese es el análisis que suele faltar a aquellos que no tienen un bagaje pedagógico cuando lo ejecutan.

Como ante cualquier problema complejo, no hay una solución única. Sin embargo, una evaluación continua –que ayude al estudiante a aprender cada vez que se pone a prueba-, auténtica –aplicada al contexto de aprendizaje-, y diversificada –con múltiples tipologías de pruebas a desarrollar, que incluyan la autoevaluación por parte del propio estudiante; la evaluación por pares, generada por los propios compañeros y la evaluación del profesorado-, nos pondría en una situación mucho más propicia: dando más juego a la creatividad de nuestros estudiantes y disponiendo los profesores de más evidencias para tomar decisiones, que es lo que al fin y al cabo es la evaluación.


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